Jornada sufrida con más regalos de algún equipo. Ganaron los equipos A, y C, empató el equipo G y perdieron los equipos D, E y F. El equipo B descansó.
El equipo A gana con una victoria trabajada y decidida en los últimos tableros. El equipo logró una importante victoria por la mínima en un encuentro muy disputado que se resolvió en los compases finales, manteniendo la emoción hasta la última partida. Un triunfo de equipo, sufrido y trabajado, que demuestra la competitividad y el carácter del conjunto en los momentos decisivos.
El equipo C con seis victorias y dos tablas se llevó un triunfo contundente a domicilio. Encuentro con anécdota incluida: uno de los jugadores locales llegó puntualmente a las 10:00… pero al local equivocado. Tras entrar convencido de que allí se disputaba el encuentro, alguien tuvo que darle la noticia: “No, no es aquí… tu equipo juega en Ros de Olano, 9.” Imaginad la escena: cara de sorpresa, móvil en mano, repasando el mensaje del equipo, y salida casi en sprint hacia la dirección correcta. Por suerte, todo quedó en susto y en unas risas posteriores —aunque seguro que el calentamiento previo lo hizo más corriendo por la calle que frente al tablero. Historias así forman parte del encanto de la Lliga Catalana: no todo son aperturas teóricas y finales técnicos; a veces también hay que superar la “apertura urbana” antes de empezar la partida.
El equipo D no sale del desierto con unos jugadores que mantienen la cara a la categoría a pesar de que es superior a ellos.
Los equipos E y F perdieron ante equipos superiores por la mínima y el equipo G empató.
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